jueves, 17 de septiembre de 2015

Profite la vie.

Vivimos demasiado condicionados por culpa del pensamiento atrasado de la sociedad. Hoy en día la aspiración máxima en la vida es conseguir una familia, tener un buen trabajo y morir viejos, cuántos más años vivamos, mayor éxito hemos tenido.

Me parece perfecto la gente que quiera eso en su vida, pero yo en la mía no. Mi aspiración en la vida es ser cada día más feliz que el anterior, vivir los años que el destino me tenga decididos pero vivirlos a mi manera, disfrutando lo que hago y pensando que cualquier momento puede ser el último, porque no hay nada más fugaz que la vida.

Parece sencillo vivir el día a día pero estoy segura de que realmente nadie puede hacerlo, ni yo. El truco está en disfrutar de las pequeñas cosas, las pequeñas cosas no son un anillo ni una rosa; los pequeños detalles son el aire acariciando tu rostro, el sol calentando tus mejillas, la mirada sincera de tu madre, el calor del hogar... Esos detalles en los que nunca nos fijamos hasta que los perdemos. Nadie siente el valor de la visión, hasta que es ciego; nadie valora la importancia de los pajaritos cantando mientras estás tumbado en el césped, hasta que no escuchas.

La vida enseña con el paso del tiempo a darle importancia a esos momentos, pero generalmente ya es demasiado tarde para recuperarlos.

La fugacidad de la vida nos condiciona a vivir con la tensión de que cualquier momento es el último, en nuestras manos está amargarnos por ello o disfrutar.